Dakota del Norte es la capital mundial de las legumbres. Allí se concentra la mayor parte de la producción de arvejas, lentejas, garbanzos y porotos de Estados Unidos, y alrededor de ese cultivo se construyó algo que pocas veces se ve junto: la genética, la investigación agronómica, la ciencia de alimentos, la industria y el mercado, todos trabajando en el mismo lugar y con las puertas abiertas. Porque en Estados Unidos, las cosas funcionan. Fuimos a estudiar esa cadena completa, y volvimos con la certeza de que ahí hay un futuro enorme, también para Uruguay.
Una semana entre los mejores
Participamos de un curso intensivo sobre ingredientes a base de legumbres en el Northern Crop Institute (NCI), el centro de referencia mundial en aplicación industrial de granos, junto a profesionales de varios países. Su equipo nos mostró en planta cómo las legumbres se transforman en harinas, snacks extrusados, pastas y bebidas vegetales, compartiendo cada detalle técnico con una generosidad que no se olvida.
El complemento perfecto fue la visita al Carrington Research Extension Center de la Universidad Estatal de Dakota del Norte (NDSU), donde su equipo nos dedicó el día entero. Recorrimos ensayos y conversamos sobre los aspectos claves del manejo agronómico de garbanzo, lupino y legumbres en general: fechas de siembra, sanidad, nutrición, cosecha y calidad de grano. Un agradecimiento especial a su director, Michael Ostlie, por la disposición, la amabilidad y la calidez con la que nos recibió. Con NDSU venimos trabajando el desarrollo agronómico de nuestro garbanzo, y esta visita consolidó una relación que va a rendir por años.
Por qué legumbres
Porque el mundo va hacia ahí. La demanda global de alimentos converge en tres atributos, proteína de calidad, fibra y salud digestiva, y las legumbres son el único grupo de alimentos que responde a los tres a la vez. Estados Unidos acaba de proponer ponerlas al tope de su lista de alimentos proteicos en sus guías alimentarias, y la industria mundial está reformulando con ellas.
Pero hay una razón más, y es de campo: las legumbres fijan nitrógeno. En un contexto donde la calidad de nuestros suelos y su acidificación son una preocupación real, incorporar legumbres a la rotación reduce la dependencia de fertilizantes nitrogenados sintéticos y aporta a la regeneración del suelo. Para una empresa que vive de la tierra, ese argumento pesa tanto como el comercial.
Tenemos la cadena completa bajo un mismo techo. Campo propio, silos, logística y ahora industria de alimentos a través de nuestra marca YVY. Este viaje nos confirmó el camino: producir legumbres de calidad en nuestros campos y transformarlas nosotros mismos en alimentos con valor agregado, con trazabilidad total desde la semilla hasta el envase. Expandir planes comerciales a nuestros clientes para generar un impacto positivo en el suelo y salir del sistema en el que todos estamos metidos, es el camino.